Artículos de opinión
Autor: Luis Pérez Aguado
Despojo a nuestra identidad
Allá por las proximidades del siglo II antes de Cristo, un rey bereber, que extendía su poderío entre la ardiente Libia y el nevado Atlas, Juba el Grande, rodeado de una distinguida corte de sabios apasionados por los conocimientos cosmográficos, organizó una expedición que se dirigió más allá del ocaso del sol, en pleno Océano Atlántico y comprobó la existencia de las islas Afortunadas, llamando a una de ellas Canaria, en razón de ciertos perros (del latín “can” ) que allí sus expedicionarios encontraron.
Pudiera ser que los perros a los que los expedicionarios extrañó tanto no fueran tales perros, sino las focas monje que poblaron las costas del Archipiélago Canario hasta el siglo XV y cuyo último reducto de estos lobos marinos fue el islote de Lobos, al que dio nombre. Sólo pudiera ser, porque Plinio el Viejo, que aprendió de las memorias que escribió Juba sobre las Afortunadas, recogió que “a la Canaria la llamaron así por la multitud de perros de extrema grandeza”
Y, también, pudiera ser, que, mucho más tarde, una de las islas hubiera sido poblada por miembros de la tribu “canarii”, deportados de la provincia romana de Mauretania en tiempos del emperador romano Claudio.
Fuere lo que fuere, lo cierto es que, al andar del tiempo, la raíz latina del vocablo se generalizó para dar nombre a todo el Archipiélago y el prehistórico reino de los canes se convirtió en un conjunto estratégico de islas para la civilización occidental de siglos posteriores.
También de Juba II recogió las noticias de las islas Afortunadas el sabio y cosmógrafo Claudio Ptolomeo, quien trazó el primer meridiano rozando las Islas Canarias, considerando que señalaba el límite occidental de la Tierra y escribió sus famosísimos tratados para la representación geográfica de la Tierra.
Que los perros existieron en Canarias desde muy antiguo no hay ninguna duda. De su existencia en la época aborigen ya dan testimonios los documentos etnográficos y los propios yacimientos arqueológicos. En el año 1722 el historiador, nacido en Tenerife, José de Viera y Clavijo, nos documenta sobre un escudo en el que había a cada lado un perro y así, con el paso del tiempo, los perros se fueron convirtiendo en los símbolos de la identidad de todo un pueblo.
Pero llegamos, por desgracia, a los tiempos actuales en que la arbitraria torpeza de algunos de nuestros políticos y la nebulosa permanente que padecen sobre nuestra historia, no les deja ver que nuestra cohesión y nuestra armonía como sociedad están unidos a un sentimiento de vinculación con la propia historia y con el legado que el devenir de nuestro pueblo nos ha brindado.
Estos iluminados de la política actual han conseguido que los perros, que son el símbolo del Archipiélago Canario, ya que forman parte de la misma raíz de nuestra identidad como pueblo, desaparezcan del escudo de Canarias, del que llevan incorporados desde hace tres siglos.
Así lo estipula un decreto del Gobierno Canario por el que se aprobó un diseño sin los perros ni el lema Océano, para el Gobierno de Canarias, la Administración Pública de la Comunidad Autónoma de Canarias y de los organismos, entidades y empresas de ellas dependientes…..y se obliga, igualmente, a entidades o sujetos privados, derivados de financiación con cargo a fondos autonómicos, aún cuando su titularidad no corresponda a la Administración Pública de la Comunidad Autónoma.
Así de claro. Los elementos que formaron parte de la vida de muchas generaciones y encierran la dignidad que le depara un natural respeto al secular pasado, desaparecerán por la desidia o ignorancia de los que tienen la obligación de conservar y mantener vivo nuestro pasado, ya que el decreto obliga su uso a todos los departamentos del Gobierno, así como a los proveedores de soportes gráficos, publicistas, impresores, creadores audiovisuales, etc.
Ya nos estamos acostumbrando a no verlos en los documentos oficiales. Y en eso consistía el truco del almendruco. Ahora ya es más fácil hacerlos desaparecer definitivamente sin que nos duela demasiado.
Lo cierto, es que seguimos insensibles ante la desaparición de nuestra historia representada en el legado que nos han dejado nuestros antepasados; en esta ocasión, son los símbolos que, para algunos, será un irrelevante o simple detalle, pero que para otros forma parte de la misma raíz de nuestra identidad.
Y si hasta ahora los perros no han desaparecido de la bandera oficial de Canarias es porque para ello habría que modificar el Estatuto de Autonomía. Aunque todo se andará… Tiempo al tiempo. Seguro que en algún oscuro despacho iluminado tan sólo por las débiles luces del rencor, la ineficacia y el sectarismo, se están maquinando agravios y cursando órdenes de acelerar el proceso de acoso y derribo.
Por desgracia, esto es lo que por aquí se percibe. Por desgracia, esto es lo que los políticos transmiten a nuestros jóvenes, a los que, desde el poder, se enseña primero el precio del voto antes que el valor de la honradez. Por desgracia,… no da la impresión de que se esté trabajando por una sociedad más justa, por unas islas más unidas, ni tan siquiera, por conservar lo que aun nos queda.
_________________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Otra “gracia” de la Consejería de Educación
Ya tenemos la última “gracia” de la Consejería de Educación de nuestro gobierno autónomo. A los recortes, a los que ya nos tiene acostumbrados, hay que añadir que para el próximo curso se suprimirán en los centros educativos de las islas los grupos flexibles y los apoyos educativos en Lengua y Matemáticas. Como éramos pocos parió la abuela.
Y algún que otro u otra iluminada tienen la sutileza de pregonar a los cuatro vientos que los nuevos recortes presupuestarios no perjudicarán para nada la calidad educativa. Será que tienen una varita mágica y yo soy muy torpe, pero sigo sin entenderlo. Hasta ahora, lo que hemos venido evidenciando en los cursos anteriores, es que la atención a los alumnos que más ayuda necesitan ha ido dando pasos para atrás.
A las anunciadas supresiones de cursos de idiomas, y eliminación definitiva de otras lenguas en todos los niveles hay que añadir la “liquidación” de los numerosos ciclos formativos del curso pasado, la reestructuración del alumnado con necesidades educativas especiales, la eliminación de plazas en los equipos de Orientación y en Pedagogía Terapéutica, los ahorros en profesores sustitutos que no se cubren hasta pasado un mes de baja médica… Suma y sigue. Da la sensación que este desmantelamiento responde a una disimulada estrategia para degradar la escuela pública. De otra manera no se entiende.
Los jóvenes no recibirán en los institutos la enseñanza de calidad adecuada, pero no importa, ya se disimulará bajando los niveles. Al final, se demostrará que hay más fracasos. Pero tampoco importa, siempre existirá el recurso, como viene siendo uso y costumbre, de cargarle el mochuelo de la ruina al docente, porque éstos no dan la talla, no han trabajado lo suficiente, les falta estímulos, no tienen vocación de mártires… y serán los culpables, por tanto, del abandono de los jóvenes del sistema educativo y de todas las responsabilidades sociales habidas y por haber.
Mucha elocuencia, más demagogia y escasa o nula autocrítica. Está claro que quiénes no están preparados para escuchar tienen la recompensa de no enterarse de nada. Así la educación en Canarias hace tiempo que ha dejado de ser una prioridad para nuestras autoridades. Los demás continuamos, como hasta ahora, despertándonos por las mañanas, pero seguiremos, igualmente, estando dormidos. Es la inercia de la mediocridad. Lentamente, nos están quitando toda posibilidad de desarrollo como pueblo y nuestra enseñanza se está convierte en un desastre de ignorancia.
No hace falta ser un adivino para imaginar cuál será la sociedad que estamos dibujando para el futuro. Y seguimos estando dormidos.
__________________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Si no le conviene, ahí tiene la puerta
Si mal no recuerdo, fue hace un par de años cuando un grupo de musulmanes residentes en varios pueblos leridanos se dirigieron a sus respectivos ayuntamientos para exigir que en las piscinas municipales a los hombres y a los niños no se les permitiera estar juntos con las mujeres y las niñas. Al responderles que nanay de la China, que no era posible, ya que nuestra Constitución prohíbe ese tipo de segregación, volvieron a pedir que, por los menos, para sus mujeres, se pusiera un horario especial.
No sé en que acabó todo aquello. Creo que se les volvió a responder, muy educadamente, que no era posible.
Pero, avatares del destino, me acabo de enterar que en el municipio de Lille en Francia, un partido islamista, que se presentó a las elecciones municipales, se convirtió, gracias al voto inmigrante, en partido bisagra. El partido musulmán exigió la segregación de sexos en la piscina pública del pueblo, a lo que accedió la alcaldesa a cambio del apoyo de este partido, de forma que las piscinas de Lille hoy tienen horarios separados para hombres y mujeres. O sea, que ya no pueden bañarse juntos por exigencia de este partido musulmán.
Me chismorrea un amigo que en España ya existe una formación política musulmana que se llama Partido Renacimiento y Unión de España, y que fue registrado en el Ministerio del Interior el pasado 23 de julio. Hasta ahora todo normal -como no podía ser de otra forma- pero hay algo que me preocupa enormemente, pues el nuevo partido, busca una “regeneración moral y ética en España”. Y yo me pregunto, ¿qué significa eso exactamente? ¿Será que los miembros de esa formación pretenden imponer sus costumbres y moral islámica al resto de los españoles?
Se imaginan lo que pasaría si este colectivo alcanzara la alcaldía de alguno de nuestros municipios. Idea nada descabellada porque estos emigrantes vienen cargados o se cargan de hijos. Dentro de dos generaciones, convertidos ya en españoles de origen –los que han nacido en España de padres españoles- quién nos asegura que respetarán las costumbres y el estilo de vida del país que les acogió.
Por desgracia, ya somos conocedores de las subidas de tono y el nivel de exigencia con que revindican algunos de estos colectivos afincados aquí lo que consideran su derecho a utilizar los símbolos y normas de su religión, mientras atacan ferozmente las utilizadas por la mayoría del pueblo que los acogió. Cosa que, dado su carácter de intransigencia, sería impensable pedir a la inversa en sus países de origen. En alguna mezquita ubicada en nuestro territorio ya se han atrevido a pedir tribunales especiales que los juzguen según la medieval shariáh. Es probable que hayan visto esas terroríficas imágenes que circulan por Internet en las que, a un niño que no llegará a siete años, se le obliga a poner una mano bajo las ruedas de un pesado camión para que se las aplaste. Todo por haber sustraído un mendrugo de pan. Y las bodas multitudinarias de niñas con hombres bastante maduros, o el trato discriminatorio que se tiene hacia la mujer… Mejor no seguir. Nuestra Constitución no lo permitiría, pero, entre otras cosas, son pruebas evidentes de la manera de pensar y de actuar que tienen alguno de estos colectivo, muy alejadas de las nuestras.
Y, sin embargo, nuestro carácter tolerante hace que vivamos preocupados, cuidando en extremo lo que decimos y hacemos para no incomodar a otras culturas o a otros individuos que viven entre nosotros. Pero, entre más cuidado ponemos nosotros, más revindican ellos. Más se quejan y protestan ¿No es más lógico que el que no nos acepte como somos viva en otra parte del mundo? ¿Por qué tenemos que vivir incómodos pensando que nuestras costumbres o nuestra manera de ser pueden ofenderles? Está muy bien la integración. Y la multiculturalidad. Personalmente, creo en ella. Nos enriquece. De hecho, ya venimos aceptando y respetando otras creencias y culturas. Incluso damos facilidades para que las practiquen. Nos parece lo más lógico. Lo que no parece tan lógico es que se cambien o retoquen nuestras leyes para darles un trato diferencial cuando venimos apostando por la igualdad del ser humano.
Podemos ser tolerantes, amables e, incluso, ingenuos. Podemos convivir perfectamente, como ya lo hacemos, repito. Pero que los grupúsculos intolerantes no nos vengan imponiendo sus costumbres. En tal caso, lo más lógico sería que los que vienen de fuera se adapten a nuestra forma de ser, ya que vinieron voluntariamente. Lo que se pide al recién llegado es que acepte nuestros valores y viva en armonía y en paz con nosotros.
Si no están de acuerdo con nuestro estilo de vida, ahí tienen la puerta. Tal como vinieron se pueden ir. Como bien dice el canario socarrón: si te quieres dir, dite, yo no te juleo, pero no me vengas a imponer un sistema de vida que no comparto ni está acorde con mi forma de ser.
______________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Los que tienen la culpa. (Los funcionarios)
Es curioso lo que pasa en esta bendita tierra. Quien más tiene que le digan es quién más tiene que hablar. Eso, por lo menos, es lo que afirma el dicho popular, y ya saben ustedes que el pueblo sencillo y campechano suele acertar en sus predicciones porque es muy sabio.
Los que más prerrogativas tienen, los que gozan de más ventajas y privilegios, los que tienen más y mejores honorarios, son los que pregonan a los cuatro vientos que se bajen los salarios de los currantes de a pie. Lógicamente, para que puedan subir más sus beneficios.
Los que disfrutan de coche oficial son los que quieren imponer a los más frágiles y canijos, lo que ellos no hacen: Congelar el sueldo. El de los funcionarios, por ejemplo. Porque, incapaces de dar salida a la crisis y reducir el paro, hay que criminalizar a alguien. Pero sus bolsillos, ni tocarlo. Más bien hay que incrementar sus cuentas bancarias. Y para lograrlo no les importa utilizar cualquier tipo de artimaña. Y eso que están al servicio del pueblo. Eso dicen. Luego vienen dando lecciones de austeridad.
Sigue siendo curioso que, también, una parte del pueblo llano diga que sí, que los funcionarios, los pobrecitos, que no dan golpe, paguen con la consecuencia de los apuros y los malos momentos que pasa la sociedad.
Mientras el país nadaba en la opulencia nadie se acordó de los perdedores del momento. Cuando no había forma de encontrar a un fontanero que te viniera a casa a enderezar las tuberías o a un carpintero para poner unas tablas derechas; cuando el chico del vecino paseaba a su novia en su flamante BMW, porque ganaba su buena pasta en la obra de la esquina; cuando el más torpe de la clase montaba una constructora; cuando los chicos dejaban de estudiar porque ganaban en la hostelería, con propinas incluidas, tres mil euros al mes, nadie se acordaba de quién sudaba la gota gorda estudiando varios años para tener una carrera y sacar unas oposiciones.
Ahora el que pudo y no quiso se pone negro porque el funcionario tiene su sueldo “asegurado”. Ahora al que pudo y no quiso estudiar se le revuelven las tripas porque los maestros tienen sus meses de vacaciones. Ahora el que nunca dio un palo al agua se “encochina” cuando dirige su mirada y ve el chalet de su vecino que es juez. Ahora…
Ahora resulta que la culpa la tienen los funcionarios. No la tienen los altos ejecutivos de las empresas públicas canarias con retribuciones superiores a la del propio presidente del Gobierno (130.000 euros anuales, por mencionar alguno). No la tienen los miembros del Gobierno que proponen ampliar la edad de la jubilación, cuando a ellos, simplemente, les bastó jurar sus cargos para tener la pensión máxima. No la tienen los avariciosos banqueros que fueron inflacionando el país. No la tienen los miembros del primer partido de la oposición, cuyo presidente gana más que el propio presidente del Gobierno de la Nación. No la tiene la joven Secretaria de Estado que con el sueldo de un año podríamos cualquiera de nosotros hacernos un bonito chalet con vistas al mar. No la tiene esa senadora, cuya única valía es la de haberle caído en gracia a su jefe, y asegurará su pensión con siete años que mantenga su escaño en las Cortes Generales, mientras los demás ciudadanos tendrán que romperse los cuernos cotizando 35. No la tienen esos parlamentarios, algunos de los cuales no han trabajado en su vida, y pueden llegar con dietas, asistencia a sesiones y otros beneficios, a cobrar hasta 6.500 euros mensuales. No la tienen los caraduras que dan lecciones de austeridad exigiendo a sus oponentes políticos la reducción de cargos, pero no se aplican el cuento a sí mismos, ni en los ayuntamientos, cabildos o gobiernos en los que mandan sus correligionarios. El Gobierno canario, por ejemplo, tiene actualmente 119 altos cargos, 98 eventuales (personal de confianza de los que 43 están adscritos a la Presidencia), 19 sociedades mercantiles, 12 fundaciones públicas y dos entidades públicas empresariales.
No tiene la culpa esa concejala, de su mismo partido, que cree que su sagrada misión la ha traído a este mundo para gastarse alegremente 6.800 euros de los contribuyentes en un viaje a la capital del Reino.
No la tienen esos sabios, algunos de los cuales no han alcanzado el bachiller, que en lugar de ponerse a trabajar ellos, deciden que los enfermos y convalecientes se incorporen a sus puestos de trabajo para ofrecer al resto de los mortales un denigrante y fatal servicio, ya que su mente estará más en el otro que en este mundo, con lo que se malgastará el dinero de los contribuyentes y repercutirá negativamente en las arcas de la comunidad.
Es tan enorme la lista de despropósitos que es imposible reseñar aquí lo que sucede a nuestro alrededor. Tampoco entramos a valorar si sus sueldos están en relación a sus responsabilidades. La cuestión es que “siempre” es otro el que cargará con todas las culpas. Pero una cosa es segura:
No tienen ellos la culpa. La culpa es del Cha-cha-cha.
_________________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Los “sabios” que nunca pisaron un aula
Los recientes datos que reflejan que en Canarias hay 53.000 personas que no saben leer ni escribir, es un testimonio fehaciente de que algo está fallando. De esos canarios, 3.000 están comprendidos en edades que oscilan entre los dieciséis y los treinta y un años. Claro ejemplo de que existe fracaso político en Educación. Como de costumbre, aquí nadie asume la culpa de nada. Si acaso, y en eso si son expertos, le cargarán el muerto y el fracaso de todo el sistema educativo al docente. Lo triste del caso es que estos datos siquiera sirven de reflexión a los “mandamases” educativos. Probablemente, esto sea así porque ni ellos mismos conocen la realidad de los centros escolares, aunque también pudiera ser que fuera porque en ese porcentaje esté incluido alguno de nuestros “ilustrados” responsables políticos, única forma de entender esta apatía y el poco interés por corregir el sistema. Pero eso es lo normal en los tiempos que corren. Por lo visto, los únicos que saben lo que se necesita en las aulas son los que jamás han pisado un aula. Por la misma razón que los únicos que saben cómo se enseña Geografía, Historia, Lengua o Matemáticas son los que no saben ni Geografía, Historia, Lengua o Matemáticas. Ahora, eso sí, son expertos pedagogos, coordinadores de no sé qué y presidentes de no sé cuantas cosas.
Veamos como funciona la cosa con un ejemplo real y fácilmente demostrable. Desarrollo mi labor docente en un instituto de esta comunidad. Tengo asignada una tutoría sobrecargada de alumnos (nada nuevo bajo el sol) de segundo curso de la ESO. En ella sólo cinco niños tienen todas las materias aprobadas del curso anterior (lo que antaño sería un caso atípico hoy, por mor de una ley absurda, se ha convertido en lo habitual). El resto de alumnos y alumnas de la clase se reparte entre repetidores y niños y niñas con asignaturas pendientes, de los que trece tienen entre cinco y ocho asignaturas (cosas de la edad, dicen, ya que la norma obliga a pasar al alumno al llegar a la edad que tienen ahora). Para llorar.
Pues, los “expertos” que no producen nada, tienen la desfachatez de cargarles el mochuelo a los profesores y atribuirles a ellos la exclusiva responsabilidad de su acción educadora. No cuentan con que muchos de los comportamientos violentos que se producen en el aula tengan que ver con las condiciones en las que se enseña. Alumnos con falta de interés que están encerrados en un aula escuchando cosas que no entienden ni les interesa y que su única aspiración es molestar en clase porque no se les da otra opción y se aburren.
Hay que hacer milagros para, desde la precariedad, atender adecuadamente la diversidad de estos alumnos con una clase numerosa, con esta maravillosa mezcla de alumnos con nulos hábitos de estudio, dificultades de base, disruptores (lo que en “términos cariñosos” nuestros humoristas Piedra Pómez llamarían niños “desinquietos”) o con necesidades educativas especiales, para los que nadie nos preparó, pero a los que les daremos una enseñanza de “calidad” simplemente porque le hacemos una adaptación curricular individualizada, un ACI (perdón, ahora, han descubierto el remedio a todas los problemas, y para demostrar lo mucho que trabajan –quise decir, “para que trabajen los demás”- le cambian o amplían la terminología y ahora se les llama NEAE, NEE, ECOPHE, ACUS…¡Qué cosas! ) y que serán aplicadas, tal como recoge la norma, por el profesorado de las materias correspondientes. O sea, yo. ¡Qué bonito!
Tampoco nos escaparemos de los informes justificativos posteriores, memorias y demás tareas burocráticas a los que estas eminencias educativas nos tupen. No sé si porque creen que se es mejor educador entre más burocratizado se está o porque tratan de desviar la atención del profesorado. Lo cierto es que, con tanta tarea rutinaria, reuniones inútiles y exceso burocrático los alumnos no están mejor atendidos, que es para eso para lo que hemos sido formados. Esa es mi personal visión del asunto: entre más se burocratiza al profesorado más calidad educativa se pierde. Un tiempo precioso que se podría dedicar a discutir proyectos renovadores, a buscar objetivos más acordes con las necesidades formativas del alumno, a metodologías más activas, más tiempo a los alumnos atrasados, a preparar lecciones siguiendo unas programaciones reales. En definitiva, a situar realmente el centro de la enseñanza en el alumno y no en cubrir el expediente a la Administración ni en camuflar el fracaso escolar rebajando los niveles educativos.
Como ustedes supondrán, a un monumental quebradero de cabeza me acompaña un verdadero problema de identidad, ya que no sé que es lo que soy. Elegí esta profesión para educar, pero al final, a golpe de decretos, me han convertido en administrativo, sanitario, bombero y espía, porque hasta eso es lo que hacen los profesores cuando se les asignan en las guardias funciones de seguimiento y control a los compañeros en sus ausencias o retrasos, como buenos jefes de personal de cualquier prestigiosa empresa, aunque sin esa categoría ni paga, por supuesto. ¡Faltaría más!
Con este desconcierto, frustrado, desanimado y desvalorizado, no es difícil entender la desesperanza e inhibición de algún profesor o maestro, al que se le está aumentando y exigiendo continuamente nuevas responsabilidades como si la solución a los problemas sociales los tuviera en exclusiva la escuela. Porque, lo divertido de los hijos es fabricarlos… de lo demás que se encarguen los maestros. Podemos entender que es necesaria la acogida temprana para que las familias puedan cumplir con sus obligaciones laborales. Pero, como los padres siguen teniendo problemas para conciliar su vida laboral con la familia, la responsabilidad parece que vuelve a ser de los centros educativos y no de las empresas que no flexibilizan sus horarios. Y como políticamente vende, pues serán los colegios nuevamente los que resuelvan la papeleta, como ha manifestado el propio presidente del gobierno canario.
Las familias quieren que los centros permanezcan abiertos más tiempo para tener a los niños bien cuidados. ¿Y para cuando tiene previsto abrir los colegios los sábados y los domingos? Lamentablemente, eso es lo que entienden algunos padres cuando se habla de conciliación familiar. No es para estar con sus hijos y disfrutar de ellos y con ellos. Tampoco les preocupe gran cosa cómo puedan estar hacinados sus hijos en el colegio con unos ratios de escándalo ni qué formación real están recibiendo con esa carencia de medios ni por qué los objetivos a alcanzar son cada vez más ridículos. Lo verdaderamente importante es que sus hijos –que son suyos- estén vigilados. No importa mucho cómo, pero si que estén. Porque de lo contrario, si de verdad estuvieran interesados por su educación, ya habrían sacado las uñas hace tiempo. Los “expertos y sabios” pedagogos tampoco han abierto la boca para proteger a esos niños, que tanto quieren y permanecen encerrados casi todo el día en un centro escolar. Probablemente, porque el bienestar del niño nunca ha primado sobre la voz de su amo y no es de recibo ni políticamente correcto ir en contra de los intereses del político de turno.
_______________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
El plan lector en los centros educativos
Hace tiempo que colaborábamos con el Ministerio de Cultura en los planes de fomento de la lectura. Ya sabíamos, entonces, que no era bueno “examinar” al niño sobre el libro leído si queríamos obtener niños lectores. Tomarle el tiempo, el ritmo, la velocidad, la pronunciación; confeccionar una ficha, hacer un resumen… Eso, probablemente, pueda estar bien para una clase de Lengua, pero no para conseguir que el niño sienta placer por lo que lee, por la sencilla razón de que no se convierte en una actividad deseada, sino forzada.
Son muchos los niños que dejan de leer al abandonar sus estudios. Mientras fueron estudiantes, concibieron la lectura como un ejercicio obligatorio, a menudo desagradable, y no como una libre actividad que les proporcionaba placer. Se les enseñó la mecánica de la lectura, pero no se le enseñó su verdadera finalidad: poder adentrarse en el inagotable mundo de los libros durante toda su vida. Así que dejaron de leer.
Esto viene a cuento por los actuales planes de lectura que se lleva a cabo en los centros escolares. Una buena oportunidad, sin duda, para cambiar el sistema y buscar recursos para que la actividad lectora quede diferenciada de aquella que destila obligación y deber fatigoso. Cosa que, por desgracia, como estamos viendo, no siempre sucede. Seguimos cayendo en los mismos errores y seguimos con las pautas anteriores. No tenemos en cuenta que para promocionar la lectura se debe despertar la sensibilidad, la capacidad de sentir emociones y despertar deseos. Tampoco que hay niños que evolucionan rápidamente y otros con lentitud. La edad mental no siempre coincide con la biológica.
Seguimos a pie juntillas los planes de estudio y la imposición de cumplir el programa marcado. Esto hace que, en ocasiones, el papel del profesor para motivar a sus alumnos hacia la lectura y el programa de estudio-trabajo que tienen los alumnos posibles lectores sea confuso y, a veces, contradictorio. Se mezcla la obligación del trabajo, del aprendizaje, con el placer de leer, y el resultado será el de la obligación. La lectura deja de ser libre y lúdica al pasar a la obligación de hacer una reseña o al deber de elaborar una ficha. El alumno tiene la sensación que será examinado con lo que se crea sentimientos y actitudes de rechazo, cuando, por el contrario, si se tiene la tranquilidad de no ser explorado la lectura será gustada y saboreada, con lo que se ganarán aficionados a la lectura
Una forma de aprender que no resulta una experiencia apasionante ni para el alumno ni para el profesor, sino una obligación impuesta; cuanto más que el plan de lectura lo asume todo el profesorado y no todo el mundo siente la misma pasión por la lectura; principalmente cuando tiene que hacerse un registro de los avances del alumno, con lo que, probablemente, se limite a cubrir el expediente educativo.
El hábito de lectura es un aprendizaje de aproximación al libro, aprendizaje que no solamente consiste en aprender a leer, sino también a amar y disfrutar de la lectura.
___________________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Ayer fui al Centro de Salud
Ayer fui al Centro de Salud. Desastre padre. La doctora estaba enferma. Sus pacientes eran atendidos por otra pediatra que, además de los suyos, atendía a los infantes que llegaban por Urgencias, eso sí, con todo el cariño que las circunstancias, que eran más bien escasas, le permitían. Overbooking, llantos, virus, nervios contenidos de la doctora en cuestión, mosqueos, tres gritos de una madre angustiada, cabreos de varios padres y despiste morrocotudo de un abuelo, al que nadie consiguió ni pretendió ponerle solución y mucho menos sacarlo de su error. Desalentador.
Días más tarde, la doctora continuaba enferma. Seguía sin sustituta y la consulta, aunque con otros protagonistas, parecía un calco de aquel día.
No descubro la pólvora si afirmo que nuestro servicio sanitario no es nada boyante. Si no que se lo pregunten a esos más de dos mil pacientes de Lanzarote y Fuerteventura (datos de junio) que tienen que esperan más de seis meses para ser operados o atendidos de sus dolencias en las especialidades médicas que tienen que ver con sus enfermedades. Y a nuestros responsables sanitarios y políticos se les llena la boca cuando dicen que hemos progresado.
A esto le llaman progreso, a esperar meses a que el médico te mire el ombligo. Barreras que encuentra el ciudadano para que acuda, si sus bolsillos se lo permiten, al médico privado. Buena excusa, a la que se le añadirá cualquier otro motivo que contribuya a empeorar la imagen de la atención pública, para, soterradamente, seguir privatizándola.
Los presupuestos destinados a las concertaciones, año tras año, van en aumento, mientras la mayor parte del antiguo Hospital Militar, varias plantas del Juan Negrín, en Gran Canaria o el edificio de consultas del Hospital Universitario de Canarias, en Tenerife, permanecen cerradas porque no hay voluntad para activarlas. Equipos de un alto costo adquiridos para la sanidad pública es la privada quien dispone de ellos. Muchos de nuestros jóvenes médicos, cuando terminan su formación, cogen las de Villadiego y buscan su futuro fuera de aquí, porque el trato y estímulo económico no es nada halagüeño. 73 millones de euros, que se dice pronto, serán recortados de los presupuestos en Sanidad, mientras el sector primario cada vez es más residual.
Resulta paradójico, según revela el informe anual de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, que sean Madrid y Valencia, las comunidades más ricas, las que, junto con Canarias, tengan los servicios sanitarios más deficientes de toda España. Y resulta enigmático, cuanto más que todas ellas han apostado por la sanidad privada. A la larga habrá gasto excesivo, ahorro de personal y vaya usted a saber cuántas cosas más. Luego vendrán los errores humanos y “terroríficos” como admitió en su momento el director gerente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, tras la muerte del niño recién nacido de Dalilah, la primera victima mortal de la gripe A, porque una enfermera de la sobrecargada y precaria plantilla del Hospital le inyectó en vena leche para prematuros. Aquel error humano la pagará la inexperta enfermera, pero, como es de esperar, no se tendrá en cuenta a los otros humanos (?) los que recortaron la sanidad madrileña hasta permitir que, en una Unidad de Cuidados Intensivos, la mitad del personal sea eventual y una enfermera, como la que erró, se pueda quedar sin supervisión en su primer día en la UCI.
Tampoco hace falta ir muy lejos. Años atrás esto mismo sucedía en el Hospital Nuestra Señora de Candelaria, en Tenerife, cuando un enfermero que ese mismo día era trasladado del Servicio de Incidencias del hospital al Servicio de Cuidados Intermedios de Neonatología cometió el gravísimo error de inyectar veinte milímetros de leche por la vía intravenosa y no a través de la sonda nasogástrica. Desgraciadamente el niño murió.
Y no escarmentamos. Nada menos que 73 millones de euros serán recortados a Sanidad.
Así estamos.
__________________________________________________________________________________________
Autor: Luis Pérez Aguado
Seguir una estrella
No cabe duda de que aquellos tres viejetes de Arabia, no eran tan viejetes. Yo supongo que tenían unos cuantos años. Pero espíritu joven, vaya si lo tenían. Menuda excursión en la que se metieron y sólo porque habían visto una estrella rara en el cielo oriental…
Audaces, decididos, con una idea delante cristalizada en un tenue resplandor plateado. Y eso es todo, junto, claro está, con una voz interior que les debió decir algo, solamente algo. El resto… su decisión, una meta, una búsqueda desconocida… Y un preguntar a tiempo poniéndose en manos orientadoras…
Esto es, seguir una estrella, con todos los riesgos que ello implica. Y la tenemos que seguir cuando la vista está aún clara, la salud permite la caminata y el corazón late con entusiasmo, con ganas de amar a un Niñito aún desconocido… a una Humanidad llena de lacras, heridas y en vías de recuperación. Es decir, cuando todavía podemos. Seguir nuestra estrella, cada uno la suya, para formar un cielo nuevo… una tierra nueva, un mundo mejor.
___________________________________________________________________________________________
¡Y no les crece la nariz!
Oí a la consejera del ramo defender en el Parlamento Canario que se estaban cubriendo todas las bajas del profesorado. Esto sucedía cuando un compañero de mi centro escolar llevaba más de catorce días con gripe A, siguiendo el protocolo establecido, alejado de sus alumnos y del centro escolar.
La consejera de Educación ponía énfasis en demostrar que aquellas “falacias” estaban motivadas por malas prácticas y manías políticas de quienes pretendían desacreditar su gestión educativa. Se podría alegar, entonces, que el caso de mi centro era un tema excepcional. Pero, no. Otros compañeros -en el mío y otros centros- fueron enfermando y tampoco, entonces, se cubrieron las bajas médicas. ¿Qué pensarían las familias que vieron cómo la consejera afirmaba tal cosa y comprobaban cómo un día sí y otro también sus hijos seguían sin tener al profesor sustituto? Probablemente, lo mismo que yo. ¡Y no les crece la nariz, tú!
Ahora se les comunica a los Centros Escolares que no se cubrirán las bajas médicas inferiores a “un mes”. Pero la consejera del ramo sigue afirmando “que garantiza el mantenimiento de la calidad de la enseñanza canaria” ¡Ya me dirá cómo!
¡Qué tiempos aquellos cuando las bajas, del tipo que fueran, no tardaban más de tres días en cubrirse! De acuerdo que eran los tiempos de María Castaña. Pero ahora nuestros irresponsables políticos –los de hoy- están empeñados en meter a la Enseñanza en un callejón sin salida.
Por mucho que se pretenda solventar con el voluntarismo innegable del profesorado de los Departamentos Educativos, a los que se les sobrecarga de trabajo, lo cierto es que los alumnos estarán simplemente “vigilados”, sin clase, y sin profesor que los atienda debidamente, por mucho que se empeñe la Consejería en demostrar lo contrario, incluso con publicidad engañosa.
La crisis fue una buena excusa para que, un tiempo antes de declararse oficial, ¡qué casualidad! se subieran los diputados canarios el 10 % de su sueldo. De acuerdo que el capítulo de gastos de Personal es muy elevado, pero “por razones de su cargo” los restaurantes de tres tenedores siguen alimentando “generosamente” a nuestros superiores educativos y los hoteles de más de tres estrellas alojándoles en su interior. Las dietas siguen siendo las mismas de espléndidas que antes de la crisis, y la consejera del ramo sigue ganando tanto como un ministro del Estado. No hablemos del privilegio de cobrar la máxima pensión pública tras mantenerse unos cuantos años en su categoría de consejero frente a los treinta y cinco de trabajo que necesita un ciudadano normal y corriente.
Los economistas más prestigiosos insisten en que en tiempos de crisis hay que invertir más y mejorar la formación del pueblo. Pero en nuestra Consejería de Educación no debe de haber economistas, sólo coordinadores con prestigiosos masters que nunca han pisado un aula, pero que son muy sabios y saben que para ahorrar dinero no se deben cubrir las bajas inferiores a un mes; que los pobrecitos interinos y sustitutos (que siempre andan con la casa a cuestas, pagando alquileres, traslados…) no deben cobrar los meses de verano o se les debe poner en paro para que nuestros hijos tampoco tengan derecho a profesor que los atienda debidamente durante un mes si el suyo tiene la desgracia de caer enfermo.
También saben que se ahorrará dinero cerrando ciclos formativos, a pesar de dejar en la cuneta a muchos jóvenes que ahora están más perdidos que un pato en la Luna. O eliminando plazas en los Equipos de Orientación, Psicopedagogos o profesores de Pedagogía Terapéutica, para lo que fue necesario cambiar la normativa que redujera la atención a menos niñas y niños con necesidades educativas especiales. Así entienden “ellos” el principio de igualdad para todos los alumnos. Ahora –según esta norma, que vendieron “alegando” que tendrían mayor cabida a los alumnos con NEAE ¡Cínicos ellos y cínicos su…!- sólo se presta atención a los que tienen una discapacidad grave, con lo que los niños que se atienden este curso han pasado a ser menos de la mitad del curso anterior. ¡Cada día que pasa me gusta más esta Consejería!
La política de reducción sistemática de la inversión de la Administración Educativa Canaria está dejando en pañales a la escuela. Eso, por muchos millones de euros que se gasten en publicidad para poder seguir tomando el pelo a la Sociedad y hacernos creer lo contrario.
Luis Pérez Aguado
Navidades con sabor a caldo de pollo
El aire huele de forma diferente. Hay ambiente de fiesta en las calles. Árboles iluminados, belenes en los escaparates, sonrisas, juguetes…Las calles lucen más que nunca, se come, se gasta…
Es tiempo de pensar en ese detalle que tanto deseamos, en aquel ambicioso objeto que nos mira desde hace meses desde el escaparate, hoy más esplendoroso; en las comidas y cenas de empresa, por aquello de confraternizar. Es el momento de permitirnos todo tipo de extras, porque para eso, caramba, se acerca la Navidad.
Y se sale a la calle cuajada de bombillas para comprar las velas y el acebo de la mesa, que este año vienen a cenar tus hermanos y no podemos quedar peor que ellos, ¡menuda mesa pusieron las Navidades pasadas, los muy pretenciosos!; para comprar el aguinaldo del portero, que más vale tenerlo contento y, desde luego, no ser menos que los del ático, con su aire de nuevos ricos; para comprar…
Cada vez resulta más difícil celebrar un acontecimiento sin estrenar pantalón, querer sin ofrecer joya de oro, ser pedagógico sin regalar un ordenador, cenar en paz sin una trucha que armonice la cena o reírse sin burbujas.
Ya no sabe uno si las fiestas son en honor del santo patrón, si son ritos ancestrales cíclicos o si son ferias que organizan los comerciantes.
El tiempo no se divide en días de trabajo y días de descanso, sino en días de trabajo y días de consumo. Con sumo gusto. El concepto de placer está cambiando. Ahora es un valor de bolsa. De bolsa llena. De acciones y emociones, que se compran y se venden.
Celebramos el nacimiento de un niño que nació, dicen, hace dos mil nueve años. ¡Cuánto tiempo! Tanto que casi no sabemos lo que celebramos. Quizás por eso no sabemos bien como celebrarlo.
Pero no importa, porque hay que ver como nos invita la televisión, como se pone el mercado, como nos tientan los grandes almacenes, como nos desafían los vecinos, los amigos.
Todo, estos días, nos recuerda que es Navidad, todo nos invita, nos empuja a celebrar estas fiestas.
Ya lo dicen los enterados que las celebraciones y los excesos van íntimamente unidos. Y no estaría mal, ya que el cuerpo, y aún el alma, agradecen la parranda. No estaría mal si el abuso no se redujese al consumo.
La felicitación navideña vale de poco si no viene respaldada por algo más sólido. El mensaje de paz que antes se daba desde los púlpitos se da ahora desde los escaparates con sabor a caldo de pollo, cava, jamón serrano, electrodomésticos a go gó, o juguetes tutifruti.
Los mayores ya sabemos que los deseos de felicidad son solamente frases bonitas que el clima que se respira en estos días nos hace pronunciar con sinceridad y entusiasmo muchas veces y , como mera formula, casi siempre y que no dejan de ser unas palabras tradicionales por el fin de año.
Han pasado más de dos mil nueve años desde el nacimiento de Jesús. Desde entonces han surgido y caído muchos imperios. Millones de hombres, mujeres y niños han muerto a manos de otros hombres. La especie humana es capaz de destruir a sus enemigos y de destruirse a sí misma. Ya no hay límites para sus ambiciones.
A pesar de ello es Navidad y resulta hermoso que, aunque sólo sea en estas fechas, nos deseemos lo mejor. Así que: ¡Felicidades!
Luis Pérez Aguado
Pensando en la musaraña
Para llegar a la luna las naciones más pudientes y poderosas de la Tierra han necesitado cohetes para que sus astronautas pisaran su superficie Sin embargo, muchos de nuestros parlamentarios no necesitan artefactos ni extraños artilugios o petardo que los impulsen para llegar a nuestro satélite, tan admirado y querido por los enamorados y causante de la transformación peluda del hombre lobo. Esto es lo que tengo que pensar de determinados parlamentarios que, supongo, estarían en la luna o subidos a la higuera cuando su grupo político les propuso la desprotección de más de 200 especies de la flora y la fauna canaria amenazada y en peligro de extinción.
A la chita callando, de puntilla y sin molesta publicidad presentaron en el Parlamento una Propuesta de Ley de Nuevos Catálogos de Especies Amenazadas de Canarias. No se encomendaron a Dios ni al diablo ¡ni falta que les hace! pero tampoco consultaron a los versados técnicos y expertos de las universidades canarias. Desoyeron las Directivas Europeas y las recomendaciones más recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y se pasaron por el forro los Libros Rojos de las Especies Amenazadas. No estaban, precisamente, pensando en la musaraña cuando esto sucedía, pues justamente será la Musaraña de Osorio, el “ratón trompetudo” exclusivo de las zonas húmedas de Gran Canaria uno de los primeros en extinguirse al ser desprotegido. Pero con este hocicudo y minúsculo pariente de los topos, probablemente, desaparecerán otras doce especies de toda Canarias consideradas en peligro de extinción, ochenta sensibles a la alteración de su hábitat, ocho taxones incluidos como vulnerables y otras especies catalogadas actualmente de interés especial en cuanto a su conservación.
¡Esto es lo que tenemos!
Una clase política, con una “formidable sensibilidad”, que cree que servir a los intereses del pueblo es hacer lo que le venga en gana, pero ¿qué podemos esperar si la ignorancia está incrustada en ella? Estos despistados parlamentarios, que tienen la obligación de velar y cuidar nuestro legado natural y cultural, son los mismos que no se cortan un pelo a la hora de subirse retribuciones a su antojo, es decir, cuándo les apetezca y cuánto quieran, mientras que el salario mondo y lirondo de un honesto currante es de 624 euros. Son los mismos que quieren más para ellos y menos para los demás.
Los mismitos que se inventan comisiones, que a nadie importa un carajo, pero que justificarán creando alarma social para cobrar abultadamente cada vez que acudan a una sesuda sesión de trabajo intenso. Son los mismos arrogantes que dejan en pañales a los centros de atención especial y en la intemperie a pobres toxicómanos, porque “no hay dinero”, mientras organizan descarados viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Los que arrasan con los sebadales porque hacen cosquillas en los pies. Los ignorantes concejales, que cobran más que un cirujano, porque ¡caramba! para eso son responsables del área de Servicio Sociales de su municipio, pero no tienen pajorera idea de lo que significan las siglas ONG; sí, en cambio, saben muy bien como se llaman sus “alcardes”.
Los que no se encomiendan a Dios ni al diablo para desmantelar pieza a pieza el sistema de instrucción público, suprimir ciclos formativos y dejar a jóvenes en la cuneta porque no encuentran plaza en lo que les gustaría estudiar, pero a los que, estos interesados políticos, que reciben abultadas dietas por cumplir con sus obligaciones, pondrán su granito de arena para encontrarles solución en el futuro, ya que estos chicos, que serán los marginados del mañana, serán los clientes de la autonómica policía y vivirán entretenidos por la homónima radio y televisión canaria, que para eso pagamos todos. Son los mismos caraduras que pretenden que otros arreglen los desaguisados que ellos con su negligencia o incapacidad destruyeron. Los mismos que no se sonrojan para decirnos que recortan los dineros destinadas a la educación de nuestros chicos y a la sanidad de nuestra gente, que están a la cola del Estado, pero se gastan los cuartos en publicidad engañosa para que sigamos metidos en el pelotón de los torpes.
Son estos políticos de tan ajustada sensibilidad los que hacen que el resto de los mortales miremos con el mismo rasero y metamos en el mismo saco a otros gobernantes y buenos políticos por muy trabajadores y honestos que sean ¡Una pena!















